Siempre tengo fotos pendientes de procesar. Esperando un hueco entre trabajos y viajes para que les llegue su momento de pasar por el taller. Hay ciclos en los que me pongo al día y ciclos en los que acumulo. Pese a que a veces el número de pendientes es alto, me obligo a salir a hacer fotos nuevas.

Yo lo llamo entrenar. Igual suena raro pero, al menos para mí, tiene su lógica. Muchas de esas fotos que acumulo son de lugares que he visitado, salidas con amigos, comidas que he probado. Algunas son hechas con el móvil y otras con cámara. Algunas son simples recuerdos mientras otras buenas imágenes. Pero también necesito hacer otro tipo de fotos, ejercitar otros músculos relacionados con la fotografía.

El más habitual es la técnica. O siguiendo con la metáfora: el músculo técnico. Conocer al dedillo la cámara, hasta dónde puede llegar, poderla usar con los ojos cerrados. Que nunca se interponga entre una buena foto y yo. Lo mismo para lentes, filtros y todo tipo de accesorios de fotografía.

Muchas personas sobrevaloran la parte técnica ignorando completamente el arte detrás, qué quieren contar. Muchos, realmente no quiere contar nada, sólo probar juguetes o hacer algo visualmente agradable. Y está bien, es divertido, es una afición. Hacer una foto, volar un dron, practicar deporte, no tiene porqué tener una finalidad.

El otro es el músculo artístico. ¿Qué quiero contar? ¿Por qué hago esta foto? Es casi filosófico. En ocasiones esto se exagera en el mundo del arte, mezclando trabajos de pobre factura con títulos pretenciosos. Independientemente del debate arte vs técnica, es otro área a ejercitar.

Volvamos a mis paseos fotográficos. Intento dedicar días a cada uno de esos músculos. Puede que quiera probar una técnica, que vaya con sólo una lente para obligarme a hacer las fotos de otra manera o que simplemente me pasee a ver qué encuentro mientras reflexiono sobre por qué hago fotos unos edificios y no a otros.

Las fotos de este artículo forman parte de salidas distintas. ¿Qué ejercicio me había puesto para esos días? Intentar ver Madrid como si no viviera allí. Es más difícil de lo que parece. Nos sorprende lo nuevo, lo original. Si lo veo casi cada día será raro que quiera fotografiarlo. ¿Qué me sorprendería si fuera extranjero? Eso quería sacar.

Bloques, repetición, toldos de colores. Madrid con mi sello personal. Es un trabajo inacabado, que podría quedar ahí o evolucionar hacia una serie. Pero un ejercicio que repetiré. Porque como todo músculo hay que trabajarlo habitualmente para mantenerlo fuerte.

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